Donde el encuentro y la casualidad chocan, felices, para vivir un nuevo acontecer

La polera.


Dentro de una realidad común, se encontraba una niña vital a la cual no le gustaba limpiar los muebles. Caminaba y se los decía a todos, aunque suponía que solamente lo sabía cada persona que pasaba cerca suyo. No le gustaba, seguramente, porque esos trazados de dejado aseo eran minúsculos a sus ojos y no podía ver a la población de polvo que habitaba sobre las fronteras de la estantería.

Junto a su madre estaba ella un día, en el quehacer del hogar, mientras la mayor analizaba el desgano de la menor al poner en práctica la labor de aseo.

-      Antonia… al menos, imagina la vida que tenía esta polera antes de que se hubiera convertido en un paño.

A lo que la pequeña, con su mejor inventiva, respondió:

-      Mmm sí, tienes razón. Debe haberla disfrutado bien porque ¡mira cómo está ahora!

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