Donde el encuentro y la casualidad chocan, felices, para vivir un nuevo acontecer

El hijo.


Mientras los llantos explotaban me tocó resumirte en un nombre, para más tarde dejar mi tintero azul deslizar debutante hacia esos archivos de estela suave. Se observó, hacia los pasillos, un río que golpeaba sonoramente a unas piedras, que solo por su órdago fluido lo situaba frágil. Eran los últimos pasos, tensiones comunes, naturales, pensé. Ante eso, seguimos, sin vacilar nervioso.

Al poco suspirar vi tu cuerpo tierno, pequeño, protegido por un esmalte innato, ínclito. Dilatabas tu ser cuando nuestros pálpitos calaban vehementes. De pronto, ya pude imaginar el reglero donde escribiría a futuro esta singular testimonial.

Garante de esperanza al horizonte, luego te arrimaban hacia la aislación y la seguridad que el cobijo actual brindaba. Ahí descuidé todo y dibujé el tiempo venidero: sudor, esfuerzo, supervivencia a los naufragios, corresponder el calor, escalar lo adverso o pilotear en milicias, en instituciones, en dichos superiores. Pero antes de salir a la recepción, de divulgar tu sonrisa, me calmó el músculo el verte vivir en los brazos de Isabel. 


✉ ✎✎✎✎✎✎ CONTACTO▼

✉ ✎✎✎✎✎✎ CONTACTO▼
▲ felipecruzparada@gmail.com ✍