Hace
unos días hubo una niña que, después de la común salida de clases, se situó con
un perro a la orilla de la vereda. Ésta tenía la máxima intención de que el
animal aprendiera las vocales. La niña se esforzaba y, quizás, el perro hacía
su mejor intento por balbucear. Aquella expresión académica me hizo acordar a
mis aspiraciones futuras, porque ¿cómo sería la vida si mirara desde las
alturas de un profesor? ¿Hasta dónde llegarán las formas y artimañas de un
pedagogo para hacer de su alumno un profesional único, conforme a las
necesidades actuales?
La
verdad de las cosas es que todo lo que uno se propone puede llegar a puerto. A
lo mejor María no quiere reprobar a Rocky así como así. Le da la oportunidad a
errar y reintentar, filosofías elementales de crecimiento del ser humano.
Esfuerza sus energías convergidas desde una mañana de inglés y matemáticas tratando de intervenir en el aliento diario del cuadrúpedo. La inocencia de una
persona que no deja caer sus brazos para poder atravesar una material muralla… ¿eso hace penetrable
el obstáculo?
Muchas
veces, como jóvenes (y por el simple hecho de ser jóvenes), nos dicen que
nuestros sueños no tienen sentido, poco menos que nuestra realidad es objeto
inadmisible en el techo contemporáneo (que por cierto, se hace más dificultoso
de sostener). Las aspiraciones de personas que desean transformar el mundo
mientras los grandes se lo devoran a mordiscos, ¡es injusto! Pero ¿Qué hay de
malo en soñar? ¿Qué hay de malo en cerrar los ojos y calcular la métrica del
crepúsculo que derrite el barniz opaco
de las paredes formales? Es lo bueno de esta etapa de vida: somos libres, y lo
hacemos notar.
El
escribir entabla un puente en mencionada travesía. Lo puro del aire cuando se
toma el papel es concebible para el que tenga que decir algo. Una anécdota: un
día estuve en Londres. Una neblina me tapó y sentí las manos heladas. Habían
árboles con mensajes encriptados, descifrables por mi persona. Me gusta la
neblina, y me gusta el frío; andar tapado y caminar junto a preocupaciones y
alegrías. Cuando descubrí que todo retornaba a sus colores, se me vino una sola
palabra, antes de volver al estresante sol estudiante: Imagine. Prometí volver
a los árboles en el momento exacto en que lo introspectivo se vuelque en
desbordante brutalidad.
Libre
pensante; la interactividad de letras y significados promueve la vital fórmula.
Sin pensamiento no somos nada, y andaríamos perdidos en un gran mundo; y sin
libertad no existe razón de ser para el hombre, en todo orden de rutina. Si eso
se lograra empalmar con la escritura fluida, se da paso a la libre expresión de
forma ideológica, un tema que, a simple impresión suena complejo pero no es una
formulación de otro planeta.
De
libertad y pensamiento, temas en boca de todos, podríamos hablar mucho.
Habiendo tantas movilizaciones podemos observar el rol fundamental de las redes
sociales, aunque yo voy más allá: el descontento generalizado de un grupo que
lucha protocolarmente para revertir determinadas decisiones, es decir, la
gente, ávida de informaciones, se torna contraproducente en torno al dictamen
de unos pocos. El poder de la palabra… también países o tendencias políticas de
muchos sectores han fundado sus ideales en normas y manuales de instrucciones
para imperios, humanistas y locos de remate. A la hora de hablar de letras, se
acordonan muchos conceptos alternativos.
Volviendo
al día a día, no creo que María logre recompensar a Rocky con una nota
excelente. Sin embargo, su garra es el reflejo de que todo lo que esperamos del
mundo, en algún rincón de tierra virgen e inerte, se pueden las cosas más
maravillosas de todo el existencialismo. Revolver imaginación y realidad da
origen a algo más que un oasis en pleno desierto. Puede ser, nuestro gran
motivo.